Posted on 10 Mar in Destacado, Revista Palabras | 0 comments

Por Érika Flores, Médico Psiquiatra miembro del servicio de Terapia de Familia de INVEDIN

Quienes tienen el rol de cuidadores de la salud mental tienen la responsabilidad de velar por el bienestar psíquico de quienes les rodean; pero para eso deben estar muy atentos en cuidar su propia salud mental y así poder brindarle al otro la contención que necesita.

En momentos de crisis es común el agotamiento emocional de todas las personas, y los profesionales que trabajan brindando apoyo psicosocial no están exentos de ello, así que hay que estar atentos a las señales de alerta. La Organización Mundial de la Salud (OMS) propone dos tipos de situaciones que se pueden presentar en el personal que presta ayuda, y las clasifica de acuerdo a la necesidad de atención que requiera el individuo, ya sea inmediata o no:

Situaciones que NO requieren una acción correctiva inmediata

Aspecto físico: náuseas, malestar estomacal, temblor, sudoración profusa, diarrea, aceleración del pulso, dolores musculares, boca seca, alteraciones del sueño, sobresaltos, problemas en la visión,  fatiga.

Aspecto cognitivo: turbación, dificultad para el cálculo, concentración deficiente, tendencia a culpar a terceras personas, dificultad para mantener la atención.

Aspecto emocional: pesar, tristeza, extrañamiento.

Aspecto conductual: cambio en la forma habitual de actuar, alejamiento, suspicacia, cambios en su comunicación interpersonal, cambios en las relaciones interpersonales, aumento o disminución del apetito, aumento en el consumo de tabaco o alcohol, estado hiperalerta, excesivo silencio,  comportamiento inusitado

Estrategia de intervención: Se recomienda un repliegue a una zona de descanso acompañado de un proceso de apoyo psicológico o la inserción a un programa de actividades preventivas de manejo del estrés posterior al incidente traumático.

Situaciones que requieren una acción correctiva inmediata

En el aspecto físico: dolor en el pecho, dificultad respiratoria, presión arterial alta, arritmia cardiaca.

En el Aspecto cognitivo: dificultad para tomar decisiones, estado hiperalerta, confusión mental generalizada, desorientación en persona, tiempo o lugar, dificultad para nombrar artículos familiares, dificultad para reconocer a personas familiares.

Aspecto emocional: reacciones fóbicas, pérdida del control emocional, reacciones de pánico,  emociones impropias.

Aspecto conductual: violencia, actos antisociales, labilidad emocional, como llorar por cualquier cosa, explosiones de enojo, extrema hiperactividad

Estrategia de intervención: Cualquiera de estos síntomas demandan, por lo general, el relevo del trabajador o su evacuación a un centro asistencial.

Para prevenir cualquiera de las situaciones planteadas, es importante que el personal tome en cuenta lo siguiente:

Medidas preventivas:

–          Sea tolerante con las personas a las cuales atiende. Seguramente usted está mejor preparado para la resolución de conflictos, así que evite confrontaciones y controle las situaciones conflictivas.

–          El sufrimiento humano es inherente a los trabajadores de la salud, trate de compartir las experiencias y ponerse en el lugar del otro sin involucrarse.

–          Contribuya a difundir la información de manera veraz, la desinformación causa muchos estrés, pero también la sobre información causa saturación, agotamiento y más estrés.

–          Evite frustrarse ante las situaciones sobre las cuales no tiene ningún control. Enfóquese en aquello que puede resolver.

–          Las expectativas de las personas a las cuales atiende suelen ser muy altas, por lo cual determine e informe cuáles son realmente sus posibilidades en la ayuda que está brindando, para evitar sentirse abrumado, o decepcionado por no poder darles la solución que ellos esperan.

–          Evite tomar decisiones en base a las emociones y trate de razonar.

Recomendaciones para aliviar el estrés:

–          Es muy importante que pueda compartir sus experiencias con las personas de su confianza, cómo se siente con respecto a la situación que está viviendo, pero también dedique un tiempo para hablar de temas triviales.

–          Si trabaja en una institución de salud mental, organice reuniones con su equipo de trabajo dirigidas por un profesional, con el objetivo de expresar y canalizar sus inquietudes y preocupaciones. En la medida que pueda quitarle la carga de afecto al recuerdo de un acontecimiento traumático,  evitará que este se convierta en patógeno.

–          Sumado a lo anterior, es necesario que los compañeros puedan hacer parejas para estar atentos de las posibles señales de alerta. Si bien no necesariamente harán la atención clínica juntos, la idea es brindarse apoyo mutuamente y bajo previo acuerdo. Por ejemplo, en caso de que el compañero esté irritable o deje de alimentarse por trabajar en exceso,  haga que se de cuenta de su comportamiento para buscar soluciones.

–          Trate de mantener las actividades de rutina en la medida en que sea posible.

–          Dedíquese tiempo para descansar, al menos 10 a 15 minutos cada 2 horas durante la jornada laboral.

–          Aliméntese e hidrátese adecuadamente.

–          Haga ejercicio físico como caminar o hacer estiramientos, esto le permitirá drenar tensiones.

–          La recuperación paulatina de las rutinas de la vida diaria lo hará sentir mejor.

–          Recuerde cuáles son sus fortalezas y sus experiencias positivas, esto lo ayudará a enfrentar la adversidad de una manera más efectiva.

–          Dedique tiempo a las actividades que le generen placer, no tiene por qué sentirse culpable por ello.

Fuentes consultadas:

Red de Sociedades Científicas Médicas Venezolanas. Comisión de Epidemiología Comisión de Educación Continua. Recomendaciones para el autocuidado en trabajadores de la salud en situaciones de desastre. Venezuela, agosto, 2011.

Rodríguez J. Zaccarelli M. Perez R. Guía práctica de salud mental en situaciones de desastres. OPS/OMS. Washington DC, mayo, 2006.