Posted on 11 Jul in Destacado | 0 comments

Por Mónica Castro Russián.

¿Estarás de acuerdo que la situación en nuestro país es cada día más complicada?. Lo cierto es que estamos atravesando tiempos de incertidumbre producto de la conflictividad en la que vivimos.  Es un hecho generalizado que las familias venezolanas se ven cada vez más afectadas, y de forma cada vez más directa, por los diversos e intrincados  eventos que acompañados de violencia, tensión y ansiedad, sacuden a nuestro país.

La agitación, la ferocidad y la urgencia de lo que vivimos dificultan su entendimiento y adecuado procesamiento. En este complicado escenario, las familias se ven afectadas y pueden sentir que se desmorona su capacidad para manejarse, especialmente de la forma que usualmente lo hacían. Esto es lo que llamamos crisis.

Sin embargo, una crisis siempre significará una oportunidad, un desafío, y de ellas se pueden obtener resoluciones positivas. Para poder enfrentar esta situación, permíteme compartir contigo tres aspectos presentes recurrentemente en familias resilientes, cuyo manejo puede ayudarte a transitar las dificultades actuales.

Antes detengamos a definir que es la resiliencia, concepto bastante conocido que hace referencia a la capacidad que tienen las personas para recuperarse de la adversidad y salir fortalecidos de ella. Ahora bien, la “resiliencia familiar” es un concepto más novedoso cuyo propósito es identificar y afinar ciertos procesos en el sistema familiar que puedan activarse para soportar los desafíos al sistema y recobrase con más fuerza. Existe  evidencia que para ser una familia resiliente, la colaboración y las relaciones afectivas sólidas entre sus miembros es imprescindible.

 El primero, es la firme convicción que tienen las familias de que a pesar de las dificultades serán capaces de salir adelante. Toma nota que un elemento fundamental es que el grupo familiar cuenta con una actitud de esperanza; piensa además que la esperanza es una virtud que invita a la acción para transformar nuestro entorno. Tal idea supone entonces, un trabajo intencional desde las figuras paternas encargadas de transmitir al resto del sistema la idea de ser capaces de salir adelante, para lo que se requiere que todos apoyen y ofrezcan los recursos que disponen.

 Una segunda característica identificada se refiere a ofrecer espacios de contención y seguridad. Tiene que ver con el hecho de que si uno de sus integrantes siente que tiene un problema (o un momento de apremio o estrés), cuenta con el apoyo y protección del núcleo. Este aspecto está directamente relacionado con el nivel de apego familiar y requiere como condición que existan vínculos afectivos lo suficientemente sólidos entre los miembros.

El tercer elemento es la capacidad de “mentalización”, y se refiere a la capacidad de reflexionar sobre los procesos que se están viviendo, sobre nuestras experiencias.  Considera espacios familiares para conversar sobre lo que ocurre en nuestro entorno, deja que cada uno de los integrantes de la familia manifiesten su punto de vista y los sentimientos sobre lo que viven. Recuerda necesitamos espacios seguros, contenedores para elaborar lo que ocurre en nuestro entorno. Ajusta la conversación de acuerdo a las edades de tus hijos, en caso de que sean muy pequeños utiliza recursos como el dibujo o el juego para conocer cómo están afrontando las situaciones. La posibilidad de compartir experiencias nos ayudará a movilizar recursos para afrontar los eventos que suceden.

No olvides, que de las crisis se pueden tener resoluciones positivas, desde lo familiar. El desafío es lograr transformarlas para que nos permita evolucionar, aprender y salir fortalecidos de una situación complicada.