Posted on 14 Mar in Destacado, Revista Palabras

Por Eduardo Iglesias, Psicólogo Clínico. Servicio de Intervención Conductual INVEDIN

¿Cuántas veces hemos escuchado a la gente decir “yo hubiese salido corriendo en vez de quedarme allí”, o “tenías que darle todo en vez de ponerte a pelear” cuando nos enfrentamos a escenarios de potencial peligro? Por más que planifiquemos lo que podemos hacer cuando se sobreviene una situación imprevista, nuestra reacción va a depender de muchos factores que analizamos justo en el momento, tales como:

-       El tipo de situación (si es a nivel individual o grupal).

-       El tipo de siniestro.

-       La permanencia del evento (si es fija, transitoria, pseudoestable).

-       El momento del día en que ocurre (diurno, nocturno).

-       El material disponible para la defensa (planificado o improvisado).

-       Las características de la población afectada (edad, sexo, condición física).

-       Las características ambientales (posible toxicidad, visibilidad, tensión ambiental).

-       El acceso a la información.

-       Otros elementos.

Sin embargo, es indispensable poder tomar todas las previsiones necesarias frente a una crisis, entendiéndose esta como una coyuntura de cambios de cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable y sujeta a evolución.

Una crisis va a aparecer en la vida de una persona cuando un determinado suceso amenaza con alterar su equilibrio personal, que puede ser favorable o adverso. En este sentido, hay dos elementos que nos hacen más resistentes y adaptativos: la resiliencia y la actitud. Toda vez que corremos algún tipo de riesgo o no sabemos lo que pueda pasar frente a una dificultad, lo que primero surge es el instinto de autopreservación, tanto el de nosotros como el de nuestros seres queridos. A esto le acompaña muy de cerca la capacidad de sobreponernos a cualquier tipo de situación adversa, y luego de que analizamos mejor los pro y los contra del evento, decidimos actuar en consecuencia; lo que quiere decir entonces que nuestro bienestar y estabilidad emocional va a depender en gran medida de la manera en cómo lo percibamos, es decir, si es una oportunidad o una amenaza, y de allí volvemos(o no) a nuestro estado emocional inicial retomando las rutinas diarias.

Mientras todo este proceso ocurre y llega a su fin, no podemos evitar sentir emociones encontradas (en su mayoría desagradables o poco adaptativas), las cuales nos guían a un estado de hipervigilancia, ansiedad y estrés poco productivo que muchas veces nos paraliza. Se hace indispensable elaborar un “plan de acción” frente a las dificultades, que nos ayude a conservar nuestros cinco sentidos en su sitio y sobre todo, la calma. Aunque lo que sigue no es una fórmula infalible, puede ayudarnos a lograr el equilibrio emocional necesario y a activar el mecanismo de resiliencia pertinente, a saber:

  • Converse acerca de lo que siente con personas de confianza, eso le ayudará a hacer catarsis y descargarse.
  • Tómese un descanso de las noticias. La interminable catarata de información de los medios de comunicación pueden agravar su estrés emocional. A pesar de que es importante mantenerse informado, especialmente si tiene seres queridos aun inmersos en la zona de catástrofe, hay que regular la información para que no empeore. Evite confiar en los rumores.
  • Conéctese con otras personas. El contacto con la familia, amigos y vecinos ayuda al proceso de superación.
  • Utilice los medios de comunicación de forma positiva, hay muchas actividades que podemos realizar con los recursos que normalmente usamos para estar conectados con la noticia, como por ejemplo buscar a través del internet información sobre un tema de interés o jugar. También puede emplear el tiempo para hacer cosas que desea hacer y que por falta de tiempo no puede, como leer un libro o ver una película.
  • Acepte que el cambio es parte de la vida y que este es un tipo de cosas que no puede controlar. Simplemente hay cosas que pasan.
  • Tome el control de las cosas que puede controlar, como cocinar o realizar alguna actividad recreativa en familia. Ayuda mucho intentar mantener la mayor cantidad de rutinas posibles para sentirse más estable y dejar de pensar en el evento todo el tiempo.
  • No pierda de vista sus objetivos en la vida y muévase hacia allá, por más pequeños que parezcan, los logros en esta etapa son muy importantes.
  • Cuídese, intente mantener una vida saludable: una alimentación balanceada, el ejercicio realizado regularmente y el descanso ayudan a su bienestar emocional y a soportar los malos momentos.
  • Mantenga las cosas en perspectiva, a pesar de lo terrible de lo que esté pasando, intente aferrarse a las cosas buenas en su vida.
  • Busque una forma de ayudar. Eso le permitirá sentirse útil y participar en la mejora de otros. Contribuir voluntariamente es una acción positiva que puede marcar una diferencia en su vida y en la de los demás.
  • Busque ayuda, entendiendo que no solamente es capaz de dar sino también de pedir y recibir.
  • Maneje las dificultades de forma constructiva, aprendiendo de los errores cometidos en el camino.
  • Mantenga el optimismo aún en condiciones críticas.
  • Intente buscar sus fortalezas. Muchas personas que han vivido un evento estresante, sienten que han crecido después de este en más de un aspecto. Con el tiempo, podrá descubrir esas fortalezas y lograr que su apreciación por la vida sea mucho mayor que, incluso, antes de este.

Para muchas personas, estas herramientas pueden ser suficientes, dicen los especialistas, sin embargo, muchos otros no logran salir del problema y se les dificulta ver las cosas positivas o, por ejemplo, entran en una depresión profunda o desarrollan algún otro tipo de malestar psicológico. Un profesional de la salud mental puede ayudar en ese caso para poder desarrollar una estrategia y conseguir salir adelante.

Referencia: Asociación Americana de Psicología- APA