Posted on 24 Feb in Destacado, Revista Palabras | 0 comments

Por Heison Moreno Psicólogo INVEDIN

El estrés genera pensamientos y emociones que nos desagradan y esto hace que nos comportemos de maneras inadecuadas, agrediendo a quienes nos rodean o, al contrario, aislándonos de todo. Pareciera que las circunstancias nos llevan a reafirmar nuestras angustias, pero vivir en un estado permanente de estrés puede llevarnos a una enfermedad crónica que se manifieste en nuestro cuerpo y en el deterioro de las relaciones con nuestros familiares y amigos.

La relación con nuestros hijos suele ser la primera en afectarse cuando vivimos una crisis personal o social. Los más pequeños de la casa perciben nuestras angustias y reaccionan ante ellas con mayor intranquilidad, rebeldía e incluso agresión, es por esto que debemos tener presente que, a pesar de la situación, siempre existirán posibilidades para proteger la salud de nuestros vínculos familiares.

Existen cosas que dependen de nosotros los adultos, los niños aún son vulnerables a las crisis y no tienen las competencias suficientes para afrontar la toma de decisiones adecuadas, así que somos los adultos los responsables de ofrecérselas a ellos y a nosotros mismos.

Lo principal es tomar consciencia de nuestros pensamientos, evitar lo que en psicología llamamos “visión de túnel” esto es, ver todo lo negativo como si no existiesen alternativas, aspectos positivos o posibles soluciones. Si insistimos en ahogarnos en nuestras creencias catastróficas, la angustia tomará posesión y será difícil ver más allá de ella.

Si consideramos que las circunstancias que vivimos siempre son pasajeras, podremos tener mayores energías para vivir la crisis y poder avanzar.

Algunas recomendaciones para los niños:

  • Ejercite con su hijo respiraciones, por lo menos dos o tres veces al día. Tomando aire lentamente y expulsándolo muy despacio. Dedique solo unos 5 minutos a esto.
  • Haga algún tipo de actividad física junto a su hijo (caminar, correr, jugar en el parque, pasear a la mascota, etc.).
  • Juegue con su hijo, comparta momentos lúdicos en los cuales promueva el seguimiento de reglas, turnos y, sobre todo, momentos de recreación que favorezcan el vínculo afectivo.
  • Evite hablar sobre sus inquietudes delante de los niños.
  • Trate de mantener una rutina aún cuando la rutina habitual haya cambiado. Haga los ambientes predecibles. Mantener los horarios de las comidas, el baño y las tareas, ayudan mucho a generar una sensación de seguridad en el hogar.
  • Busque ayuda profesional para usted y su niño si siente que no puede controlar la situación, recuerde que de su salud física y psicológica dependen la de su hijo.