Posted on 5 Sep in Revista Palabras | 0 comments

Sección: Responsabilidad Social Empresarial

Italo Pizzolante Negrón

Ingeniero y Presidente de Pizzolante Comunicación Estratégica

Hace años no estaba de “moda” la responsabilidad social empresarial. “Moda”: odiosa palabra que rechazo por incierta, ya que sería aceptar que antes no éramos responsables, lo que es falso e injusto con numerosas instituciones y empresas cuyo estado de conciencia social les llevó a promover y hasta liderar vínculos de confianza con la sociedad. Eran modelos de RSE que antes, en entornos sociopolíticos distintos, no se exhibían con la notoriedad que el momento actual nos requiere.

Las organizaciones sociales deben redescubrir las virtudes de la transparencia y el comportamiento ético hacia el interior de la institución y la nación en la que operan como un atributo diferenciador de su cultura corporativa, dibujar una identidad alineada con su visión y gerenciar las percepciones en aquellas audiencias que les permiten sustentar la imagen que necesitan para competir y cumplir con los objetivos que se han propuesto.

La competitividad, para que sea sostenible en el tiempo, debe ser responsable. Ninguna institución puede ser exitosa y en consecuencia ninguna nación puede ser competitiva, si la opinión pública desconfía de su comunidad de negocios.

Por ello es importante distinguir nítidamente entre lo que son los programas tradicionales de RSE y lo que implica ser una organización socialmente responsable.

Defino a la RSE como un estado de conciencia en el líder, del impacto positivo o negativo de aquellas cosas que hace o deja de hacer cuando actúa a través de la institución, en la sociedad donde opera. Trasciende a “proyectos” o “programas” y ubica la reflexión en “procesos” gerenciales.

Hablar de una Institución Socialmente Responsable supone referirse al proceso de ser y hacer para que una organización permanezca en el tiempo, y para ello debe tomar en cuenta a las distintas audiencias, o “stakeholder”: sus “clientes”, trabajadores, accionistas, comunidad, autoridades, entorno.

Debemos asumir convencidos y sobre todo comprometidos con la coherencia de nuestras actuaciones y la consistencia de nuestros planteamientos, el DESAFIO DE MODELAR y para ello, la Comunicación Estratégica es la herramienta que permite el fortalecimiento institucional necesario de la organización y las relaciones de confianza que construyen aquellos que la dirigen.