Posted on 21 Mar in Destacado, Revista Palabras | 0 comments

Por Yenirellys González, Psicóloga INVEDIN

El trastorno del espectro autista (TEA), en el que se afectan los patrones socio-comunicativos y se observan conductas restringidas o repetitivas, es un trastorno del neurodesarrollo que a pesar de ser muy frecuente, sigue siendo en la actualidad poco conocido por padres, educadores o cuidadores; razón por la cual puede suceder que conductas poco típicas sean vistas como normales y se retarde la búsqueda de ayuda profesional. Por esto, es importante que ante la observación de características que puedan indicar la existencia de un problema en cualquier área del desarrollo los padres acudan a un especialista. La identificación temprana de niños con TEA es sumamente importante, ya que hay sobrada evidencia de que una intervención a tiempo, específica y personalizada para el niño y su familia, conduce a un mejor pronóstico.

Bajo esta premisa, podemos definir la intervención temprana como el conjunto de acciones, dirigidas a la población infantil, a la familia y al entorno, que tienen por objetivo dar respuesta lo más pronto posible a las necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con alteraciones en su desarrollo o que tienen el riesgo de padecerlos. Estas intervenciones deben considerar la globalidad del niño y han de ser planificadas por un equipo de profesionales de distintas áreas que según sea el caso puede incluir: psicólogos, terapeutas ocupacionales, terapeutas de lenguaje, fisioterapeutas, psicopedagogos, neuropediatras, entre otros, que brinden un abordaje integral del niño, potencien sus  capacidades y promuevan su mejor funcionamiento.

Son tres las unidades con las que se debe trabajar en la atención temprana del TEA: primero, con el niño, desarrollando habilidades sociales, comunicativas y de adaptación a su entorno; segundo, con la familia, brindando formación y apoyo tanto psicoeducativo como emocional e integrándola como base fundamental de la intervención que permitirá al niño generalizar lo aprendido; y tercero, con el entorno del niño, específicamente el ámbito educativo y comunitario ya que es clave un plan adecuado que posibilite un correcto desenvolvimiento académico, conductual y socioemocional, teniendo en cuenta que el objetivo es la adaptación y la mejor actuación posible en su contexto natural.

A las ventajas de  la atención temprana, hay que sumar que el apoyo brindado al grupo familiar en el período que transcurre desde las primeras sospechas hasta el diagnóstico final, durante el cual los padres experimentan angustia, incertidumbre y desorientación, va a reducir notoriamente su estrés y ansiedad, lo que redundará en una mejor disposición para la comprensión del diagnóstico y la orientación hacia la intervención terapéutica del niño.

Por último, es importante resaltar que la intervención temprana es efectiva pero no milagrosa, debe existir compromiso por parte de los familiares con cada una de las terapias requeridas por el niño, debido a que la constancia y regularidad de la intervención hará más probable el avance del mismo.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

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